Especiales: el salto sin red de Black Rebel Motorcycle Club.

En 2001, con su disco homónimo de debut el trío de San Francisco Black Rebel Motorcycle Club se colocaba en aquella primera línea de grupos que, como The Strokes o The White Stripes, buscaban un revival de la música anterior a ellos. Más primitivos y primigenios, si se quiere, recuperaban sonidos más punk o rock, pasándolos por el tamiz de esta modernidad. Esta apabullante tarjeta de presentación, que les permitió cosechar grandes críticas y mejores ventas, vino seguida un par de años después con un disco de continuación que, siguiendo la línea del primero, supuso un auténtico fracaso para la banda, viéndose convertidos en aquello que más odiaban: líderes de jóvenes hordas de fans, más preocupados en imitar su estética que en escuchar su música.

 

Tras cosechar una de cal y una de arena, fueron despedidos fulminantemente por el sello Virgin, y se retiraron a mejor vida, a tratar de encajar el rompecabezas vital y musical en que se encontraban sumidos. Fue en aquella tesitura cuando los norteamericanos tuvieron que decidir cuál iba a ser su próximo paso o, mejor dicho, en qué diurección iban a darlo. En el año 2005 volvieron, de la mano de Pías, con una obra que nadie hubiese esperado de ellos. Unas palabras de Peter Hayes, vocalista del grupo, al respecto de ese nuevo giro que habían dado en su último trabajo, son muy definitorias al respecto, pues afirmaba que “es posible que la libertad del rock’n’roll se haya perdido un poco porque los grupos tienen miedo y adquieren la imagen de lo que la gente espera de ellos”.

Dicho y hecho, pues ésto es precisamente lo que no hicieron los Black Rebel con “Howl”, su tercera entrega. Conservando estética y formación  se desmarcaron de todo el sonido al que sentían moralmente deudores, citando a los ingleses The Jesus and Mary Chain como claro ejemplo, y editaron un disco en el que se sumergían en lo más profundo de las raíces musicales norteamericanas. Todavía vestían de cuero, lucían greñosas melenas y aspecto entre sucio y psicodélicos, pero atrás quedaron aquellos trallazos sonoros del estilo de “Love burns” o “Whatever happened to my rock´n´roll (punk) song”. Ahora sonaban casi acústicos, con muy pocas guitarras eléctricas y sin apenas abusos de la sección rítmica. Más calmados y cercanos al góspel, antes que al rock, facturando piezas musicales  en las que la búsqueda de la belleza en la simplicidad y  el llegar a mezclar clasicidad y desnudez los hacían sonar tan intensos, o incluso más, que en sus anteriores discos. Parece más claro que en aquel retiro, aquella necesaria pausa, decidieron buscar la redención en la vía que parecía menos fácil, pero también la más arriesgada, y en su caso la jugada les salió más que redonda

Transitando géneros como el folk (en “Devils Waiting”), el sonido cercano al primigenio blues (“Ain´t no easy way”), la dinámica de su anterior época, pero algo ralentizados (“Weight of the World”) o el velado homenaje a Allen Ginsberg, en la intensa y redentora “Howl”. Con ello, y si sabemos leer entre líneas, vienen a decirnos que, en ocasiones, hay que pasar por los más bajos infiernos para recuperar la senda de la inspiración, allá donde les conduzca. Como resultado nos queda su más sorprendente y mejor disco hasta la fecha.

Más información en:

www.blackrebelmotorcycleclub.com



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