Especiales: "American recordings" y la resurrección de Johnny Cash.

Resulta difícill emprender cualquier artículo referente a una figura tan compleja y con una carrera tan extensa como es la de Johnny Cash. Es por ello que se hace necesaria una parcelación de cuáles son los diferentes temas que se pueden tratar. en esta ocasión, hemos optado por centrarnos en su última etapa, aquella que comprende la dévcada de los noventa, y en la que su figura, gracias al productor Rick Rubin y a la serie de publicaciones tituladas "American Recordings", volvió a recuperar la importancia que había ido perdiendo con el inevitable paso de los años. Recogidos en cuatro volúmenes diferentes e independientes, trataremos de dar una perspectiva de qué significaron estos discos en la carrera del hombre de negro, y hasta qué punto fué importante para que Johnny Cash dejara de ser un artista circunscrito a la década de los 60 y los 70, abriéndose a otras generaciones de fans, que lo descubrieron gracias a esta serie de fantásticas versiones.

 

Cuando la década de los ochenta comenzaba a terminar, el contrato de Cash con Columbia Records llegó a su fin. Era el momento de más baja popularidad del artista, y los nuevos trabajos que firmó, bajo el sello Mercury, no hicieron que la situación variase en demasía. Parecía que, esta vez sí, la carrera del hombre de negro había entrado en su ocaso definitivo (algo por otro lado lógico, si piensan en la edad y la trayectoria que en aquellos momentos ya atesoraba). Pero fue entonces cuando sucedió algo que cambiaría por completo el rumbo de los acontecimientos, y eso fue el momento en que el productor Rick Rubin se cruzó en su camino. Trabajador incansable, había cosechado hasta la fecha numerosos éxitos, gracias al ojo que tuvo a la hora de trabajar con formaciones tan dispares como Aerosmith, Run DMC, los Red Hot Chilli Pepper del “Blood Sugar Sex Magic”, e incluso The Cult. A través de su recién fundado sello, American Recordings, Rubin ofreció a Johnny Cash la posibilidad de grabar una serie de versiones de artistas actuales, a los que Cash debía aportar su particular perspectiva.

Esta es la génesis del “American Recordings vol. 1”, que fue grabado en el salón de la casa de Rubin, con Cash y su guitarra esencialmente, y en el que se hacía un repaso al cancionero de artistas como Nick Lowe, Krts Kristofferson, Leonard Cohen o Tom Waits, además de incluir algunas composiciones del propio Cash. Como ven, y dados los antecedentes contextuales que les hemos dado (artista en decadencia, proyecto singular, producción austera), el resultado no era del todo esperanzador. Pero he aquí que la magnitud de un artista no solo se mide por lo que hizo, sino por lo que es capaz de hacer una vez se encuentra en sus horas más bajas. Johnny Cash puso todo lo que tenía dentro en este nuevo proyecto, y el resultado fue un éxito rotundo. En 1994 fue el ganador del premio al mejor álbum de folk, pero sobre todo logró que Johnny Cash se diera a conocer entre un público no habitual para él: los más jóvenes, como se pudo comprobar en una exitosa actuación en el Festival de Glastonbury del siguiente año.

Así pues, una vez que Rubin y Cash habían hecho lo más difícil y en tiempo record, el camino se abría ahora con diáfana claridad: grabarían más “American Recordings”. En 1996 veía la luz “Unchained”, que se convertía en el segundo volumen de la serie, y en el que ya contaba con banda de acompañamiento para la ocasión. Y no cualquier banda, pues “Unchained” fue grabado junto a Tom Petty and the Heartbreakers. En este volumen aumenta ya el número de temas versionados, y algunos de los incluidos comienzan ya a ser sorprendentes, pues vemos como Johnny Cash tiene un espectro de influencias ciertamente amplísimo: escuchen si no “Rusty Cage”, de Soundgarden, o incluso “Rowboat”, de Beck Hansen. Una mera muestra de lo que lograría pocos años después. Los galardones volverían a llegar, en este caso al de mejor álbum country. Ya era ya un hecho irrefutable que la carrera de Cash había vuelto a elevarse al lugar del que nunca debió bajar.   

Pero no todo iban a ser alegrías en esta segunda juventud del artista. Le fue diagnosticado, en principio, el síndrome de Shy – Drager, aunque poco después este diagnóstico cambiaría al de neuropatía asociada a la diabetes. Lo que si quedeba claro es que su salud se había resentido, sus giras acortadas, y Cash debía tomarse las cosas con más calma. Aún así, en el año 2000 aparecía el siguiente volumen de American Recordings: “Solitary man”. En él, podemos encontrar a un Cash con una voz más profunda y grave de lo que ya de por sí era habitual en él, pero esto no hizo sino aportar un toque más sombrío y solemne a sus canciones. En esta vida, todo suele ser cuestión de gustos o apreciaciones, pero bajo nuestro punto de vista este volumen III es, posiblemente, el mejor de todos los que Cash editara junto a Rick Rubin. Parece que la fórmula, ya trabajada en los dos volúmenes anteriores, ha cuajado ahora a la perfección. El sonido es rotundo y vibrante, la voz oscura y emocionante, y las versiones mucho más que sublimes. Las dos que abren el disco, “I won´t back down” de Tom Petty, y “Solitary man” de Neil Diamond, son auténticas obras maestras. Piensen que son canciones que sus artistas originales compusieron con Johnny Cash como referencia directa, y que es ahora el propio Cash el que aportaba su particular perspectiva. Pero la cosa no queda aquí, pues se atreve con “I see a Darkness”, del gran Bonnie “Prince” Billie, que en voz del hombre de negro suena totalmente devastadora. Y como guinda al pastel, su aportación al cancionero contemporáneo, con dos enormes versiones de “One” de U2 y, sobre todo “The Mercy Seat”, de Nick Cave. En esta ocasión vuelve a incluir canciones propias, pero el resultado final volvía a elevar el propio listón que él mismo se había impuesto, firmando uno de sus mejores trabajos hasta la fecha.

A pesar de que su salud seguía resintiéndose más y más, aún tendría fuerzas para dejarnos su último suspiro musical. En el año 2002, y de nuevo de la mano de Rick Rubin, aparecía el cuarto volumen de los American Recordings que bajo el título de “The man comes around” nos mostraba a un Cash muy envejecido en la portada, pero perfectamente acompañado por el color que siempre vistiera, el negro. Su voz ya se ha tornado seminal y crepuscular, capaz de embargarnos de la manera más absoluta. Para la ocasión, decidió dar forma a “Personal Jesus”, de Depeche Mode, “In my life”, de The Beatles o “I hung my head”, de Sting, como momentos más destacados. Pero lo cierto es que este “The man comes around” incluía uno de los momentos más brillantes de toda la extensa trayectoria de Cash; nos estamos refiriendo a la versión que realiza de “Hurt”, de Nine Inch Nails. Para que se hagan una idea, el propio Trent Reznor afirmaba, años más tarde, que una vez escuchó la versión de Cash, fue incapaz de escuchar la suya propia otra vez. El video clip, de una emotividad y cercanía tremendas, nos mostraba a un anciano Cash, rodeado de todo tipo de lujo y riquezas, haciendo repaso a qué había sido su vida. Las imágenes del Cash anciano se intercalaban con otras de su dislocada y exitosa juventud, así como de su madurez junto a June Carter, para devolvérnoslo de nuevo en su tranquila ancianidad. Un perfecto complemento a una de las mejores versiones que se han hecho jamás de una canción. 

Esta nueva edición de los American Recordings le volvería a granjear varios premios Grammy, una vez más, y hacía que su espectro llegara a las cotas más altas de su carrera. Pues había logrado lo que muy pocos y contado artistas han conseguido en la historia de la música: aunar a varias generaciones bajo un mismo manto musical. Desgraciadamente, en septiembre de 2003 fallecía, justo cuando ya se había embarcado en el quinto volumen de la serie. Quién sabe qué hubiera sido de ella de haber continuado en activo el dúo Cash – Rubin, pero es un hecho irrefutable que en sus diez años de colaboración lograron algo difícilmente imaginable a principios de los noventa: colocar al gran Johnny Cash en ese altar del que nunca debió descender. Y lo hizo con valentía, pues el proyecto de versionar a grupos tan dispares y actuales no era sencillo, pero los resultados saltan a la vista cuando la calidad del artista es tan alargada como ésta.

Acercarse a los cuatro volúmenes de “American Recordings” es mirar de cerca el testamento musical de Johnny Cash. Podríamos haber escogido cualquier otra de sus muchas épocas, como sus años de éxito en los sesenta, o sus fantásticos dúos con su amada June Carter en “The Johnny Cash Show”. Pero creemos que en esta última etapa de su vida, cuando más difíciles eran las cosas para él, supo reinventarse con valentía y saber hacer, ofreciéndonos lo mejor de su repertorio, y brindándonos, en pleno siglo XXI, los mismos momentos de emoción e intensidad que ya nos había brindado en el XX. En los años siguientes aparecería, de modo póstumo, el volumen V, e incluso el VI tiene prevista una nueva oportunidad. Pero esa ya forma parte de otra historia, que será escrita, de esa vida auténtica y sincera que siempre rodeó al hombre de negro.

 

Más información:

www.johnnycash.com

Vídeo musical perteneciente a "Hurt" (American Recordings vol.4)

 

 

 

 

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